‘Tengo un monstruo que duerme dentro de mí’: Alfredo de la Fe

Alfredo de la FeEl testimonio del músico cubano-colombiano sobre sus líos con la droga busca salvar más de una vida.

El día en que Alfredo de la Fe dejó las drogas su ‘jíbaro’ (proveedor de drogas) le dijo: “Lástima, perdí a mi mejor cliente, pero ¡te felicito!”.
Fue en 1986, después de que Alfredito, como le dicen sus amigos, incumplió una de las citas más importantes de su vida.
“Yo había sido contratado para tocar mi violín en la visita del papa Juan Pablo II, pero la noche anterior me fui de fiesta y en medio de los tragos pensé: yo que voy a ir a tocarle a ese viejito”, cuenta.

Se despertó cinco días después, cuando su Santidad ya se había marchado de Colombia.

Alfredo dice que conoció las drogas cuando tenía 12 años. Fue en Nueva York, con el cantante Héctor Lavoe y su grupo de amigos.

“Yo era un muchacho; veía que después de una tanda de música se desaparecían. Me dejaban solo. Les pregunté qué hacían y me contaron. Entonces les dije que yo también quería”, dice.

Fue una experiencia de 20 años que él compara con un ascensor que solo viaja en sentido descendente, hasta que se estrella. “Héctor jamás se bajó. Yo sí”, añade.

Hoy, 28 años después de su rehabilitación, aún habla del tema e interpela con una metáfora a todo aquel que intente calificar su testimonio como una historia vieja.

“Escúchame, yo tengo un monstruo que duerme dentro de mí y solo le toco boleros para que no se despierte”, dice para dibujar la posibilidad latente de que la drogadicción vuelva a su vida.

La droga, asegura, se lleva al mejor de todos en cada familia y les roba la tranquilidad a todos sus allegados. Por eso, insiste, cuenta su testimonio una y otra vez, sin cansancio, con la esperanza de poder ayudar a quien hoy esté en ese infierno.

Cuando habla de boleros no es para descalificar la salsa. Simplemente, usa este ritmo para significar la buena voluntad que debe usar un drogadicto para no dejarse vencer por el consumo.

Y la salsa aún sigue en su vida. De hecho, por estos días está empeñado en cobrar vigencia con un nuevo instrumento: un violín de siete cuerdas. Algo que, según él, suena a violín, viola y violonchelo.

Alfredo se atribuye el haber creado el primer violín eléctrico y el haberle añadido una quinta y, después, una sexta cuerda. Ahora, con siete, asegura que tiene “la tesitura de un piano de cola”.

¿Qué cómo suena? Habrá que escucharlo.

Tal vez interprete varias tonadas con su nuevo violín el 2 de agosto, cuando viaje a Guaviare en una campaña social que busca reducir el número de homicidios en Colombia –llamada 24-0- y en la que, seguramente, evitará despertar a ese monstruo que alguna vez intentó devorárselo desde adentro.

Fuente El Tiempo

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s